martes 25, junio, 2024

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Historias de Nueva York: La tontería del McSorley´s

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Autor

Enrique García
Enrique Garcíahttps://cervantes.academia.edu/EnriqueGarc%C3%ADa
Periodista y filólogo, Enrique García ha sido profesor de Español en el Instituto Cervantes de Nueva York durante años, después de pasar por lugares tan dispares como Brasil, Italia o Polonia. Con bases en este momento a caballo entre Madrid y Mallorca, García aporta a Fleet People visiones bellas y cotidianas, pero sobre todo diferentes, de la ciudad de los rascacielos. En la sección EXTRA de la versión impresa, el automóvil es generalmente su punto de fuga habitual.

Según se anuncia en el cartelón de la entrada, abrió sus puertas por primera vez hace más de siglo y medio, en 1854. No obstante, la primera mujer no pudo cruzar el umbral de la taberna hasta más de cien años después.

Para entender estas restricciones habría que revisar los tres lemas que, concisos pero con la autoridad de un mandamiento, rigieron las conductas de los clientes del McSorley´s.

El primero, rezaba lo siguiente: Be good or be gone (Pórtate bien o vete). El segundo, ciertamente, resultaba sobrecogedor: We were here before you were born (Ya estábamos aquí antes de que nacieras). El tercero, sin embargo, resultaría difícilmente sostenible en nuestros días: Good Ale, Raw Onions and No Ladies (Buena cerveza, cebollas crudas y sin mujeres).

En un artículo publicado en el New Yorker en 1940, el periodista Joseph Mitchell declaraba que la única mujer que tenía permitido el acceso a la taberna era una anciana que arrastraba el apodo de Mother Fresh Roasted, y que se ganaba la vida vendiendo cacahuetes por los antros del Lower East Side mientras suspiraba por la muerte de su marido, en la guerra de Cuba de 1898.

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En aquellos años, si alguna mujer entraba por accidente en la taberna, los camareros le negaban la consumición repitiendo siempre la misma fórmula: “Señora, lo lamento pero aquí no servimos a las damas”.


En el McSorley’s no podían entrar mujeres hasta que un juez obligó a la taberna, en 1970


McSorley´s

Los dos barriles que presiden la entrada del McSorley’s Old Ale House tienen casi tantos años de antigüedad como la propia cervecería. // FOTOGRAFÍA: LITTLENY

Supongo que en aquellos tiempos nadie discutía la jerarquía de una costumbre, por estúpida que ésta fuera, y la técnica para evitar a la clientela femenina resultó más o menos efectiva hasta que, por fin, dos mujeres decidieron enfrentarse a la prohibición.

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En 1969, Faith Seidenberg y Karen DeCrow entraron en el bar y pidieron un par de cervezas. Tal y como venían haciendo desde hacía más de cien años, los taberneros les informaron de que en ese local no se servía a las señoras. Como respuesta, Seidenberg y DeCrow demandaron al local por discriminación. El caso fue tan sonado que, el 26 de junio de 1970, The New York Times publicó en su primera página el veredicto del juez que obligaba a la taberna a permitir, por fin, el acceso a las mujeres.

La victoria de Seidenberg y DeCrow puede parecer anecdótica; después de todo, el McSorley´s no es sino un pequeño antro de los muchos que hay en el Bajo Manhattan. Pero es a fuerza de estos pequeños empujones como Nueva York se ha convertido en una de las ciudades más abiertas y tolerantes del mundo.

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Por lo que respecta al bar, la clientela tradicional del McSorley´s pareció adaptarse sin demasiados inconvenientes a la presencia de mujeres, hasta entonces desconocida. Es probable que la gran mayoría pensara que aquella norma no era más que una soberana tontería.

Y, sin lugar a dudas, muchos de ellos agradecerían en sus pensamientos, entre trago y trago, el coraje de aquellas dos mujeres que se atrevieron a hacer lo que muchos querían pero nadie reclamaba.

A pesar de los cambios obligados, el bar ha seguido conservando cierto toque anticuado, como el suelo cubierto de arena o una tenue luz que recuerda a las lámparas de gas que durante tantos años fueron la única iluminación del local. Es, en definitiva, una parada imprescindible para todos los amantes de la buena cerveza. Un pequeño símbolo en el Bajo Manhattan.


Enrique García es periodista y profesor del Instituto Cervantes en Nueva York

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