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Fougère: el limpio aroma herbal que reina en la perfumería

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Juan Arús
Juan Arús
Periodista económico apasionado en transformar objetivos en resultados, Juan Arús (Madrid, 1975) ha trabajado para diversos medios de comunicación escritos de España, generalmente económicos y habitualmente en las secciones de Empresas y Automoción. Gran aficionado a la moda masculina, cuenta con un vasto repertorio de artículos de referencia publicados sobre vestuario clásico en diferentes medios. Edita y dirige Fleet People desde 2015.

Fougère, fern, helecho. A qué vendrá todo esto. A qué huele lo que huele a limpio. Parecemos un anuncio de televisión. Históricamente, en el universo de la belleza y cosmética tanto femenina como masculina, el concepto y evocación del olor a limpio traducido en una certeza olfativa ha sido muy buscado. Engancha al cliente.

 

Y ocurre lo mismo con otro aroma, que está íntimamente ligado en su percepción a esa imagen que transmite la limpieza. El límpido aroma de campo, el olor a verde, a bosque.

 

Dentro del complicado universo aromático, a esta familia se la denomina fougère y está profundamente enraizada en el propio ser humano, como pueda estarlo, aunque rara vez piense en ello, en un clásico aroma acuático que también le transporte hacia un determinado estado de ánimo. Seguramente apacible, calmado.

 

Paradójicamente, el helecho —fougère en francés, fern en inglés— no huele absolutamente a nada más allá del característico deje de una planta.

 

Pero adoptó la categoría de familia olfativa cuando, a finales del Siglo Diecinueve, el perfumista Paul Parquet desarrolló una fragancia que, aunque no buscaba concretamente encontrar ni recrear el aroma del helecho, que no tiene, sí pretendía encarnar, de algún modo, ese concepto verde que emana del bosque más puro, ese nítido olor a limpio, a verde que todos reconocemos en cualquier colonia que disponga de notas herbáceas, por ejemplo.

 

 

 

‘Mixing’. Parece la ensalada que acompaña últimamente a los gin-tonics, pero no. Algunos ingredientes del aroma que componen un aroma fougère. De izquierda a derecha: enebro, pino, geranio, albahaca, violetas y bergamota. Un fougère puede ser así considerado si contiene alguno de estos elementos: musgo de roble, lavanda, geranio, pino, abeto, violeta, cumarina, haba tonka, bergamota, albahaca, gálbano o salvia// FOTOGRAFÍA: SHUTTERSTOCK / VARIOS

 

 

 

Y de este modo nació el primer fougère del mundo, un tipo de aroma que, aunque pueda no conocer por ese nombre, seguramente habrá llevado puesto alguna vez en forma de colonia o perfume en su cuello o muñeca.

 

Parquet creó un perfume para la casa francesa Houbigant en 1882, denominado Fougère Royale, que hoy sigue oliendo como olía entonces y que representa como pocos la quintaesencia del campo y del bosque.

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Fougere Royale de Houbigant, que sigue a la venta desde 1882.
Fougère Royale de Houbigant, un agua de perfume que sigue a la venta desde 1882.

 

 

 

 

“Si Dios le hubiera dado al helecho un perfume, habría olido como Fougère Royale”, aseguró en la época Parquet, consciente de que había pergeñado algo diferente, probablemente eterno.

 

En general, ya que pueden imaginar que existen decenas de gurús en la materia que añaden más gamas, se acepta de modo común que existen seis familias olfativas básicas: floral, fougère, amaderada, cítrica, oriental y Chipre, a la que podríamos sumar una última aparecida en los últimos años llamada Gourmand.

 

Para que un fougère sea considerado como auténtico, debe estar compuesto de, al menos, la combinación de algunos de estos elementos: musgo de roble, lavanda, geranio, pino, abeto, violeta, cumarina, haba tonka, bergamota, albahaca, gálbano y salvia.

 

 

Seguramente sea la lavanda el más fácil de percibir de todos para el olfato español, aunque el aroma de pino, el de la violeta, el geranio y la bergamota son bastante frecuentes en nuestro día a día y fácilmente reconocibles.

 

 

Fougère, una creación humana

 

En cualquier caso, la clave fundamental del aroma fougère reside en que nace de la propia experiencia del ser humano, de su creación, a diferencia de familias como las florales, centradas en la materia prima pura y dura, la flor.

 

Dentro de su universo de composición, el fougère siempre permite jugar con los ingredientes para aportar nuevos productos.

 

Y no solo jugar, sino aportar nuevas bases a partir de la inclusión molecular, por ejemplo. Fue precisamente Fougère Royale no solo el primero de la historia, sino el que primero ofreció al consumidor un perfume en el que se incluía una molécula sintética, la cumarina, algo que hoy está más que al cabo del día en el universo no solo del perfume, sino de la cosmética en general.

 

Muestras de haba tonka, de la cual se extrae la molécula cumarina, prohibida para la alimentación en Europa y EEUU.
Muestras de haba tonka, de la cual se extrae la molécula cumarina, prohibida para la alimentación en Europa y EEUU. FOTOGRAFÍA: SHUTTERSTOCK

 

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Lamentablemente, y si bien cuando se creó Fougère Royale no existiría la premisa pura de la rentabilidad a toda costa, desde hace muchos años el concepto molecular invade toda la cosmética y la perfumería por una sencilla razón: recrear un aroma natural en un laboratorio es muchísimo más barato que utilizar el aceite esencial extraído de los pétalos de una flor o de la cáscara de un fruto. Simple.

 

Y se pueden obtener ingentes cantidades sintéticas a precios de risa que permiten, en el caso de las marcas mainstream de perfumería, destinar prácticamente todo el coste de producción del producto a la botella, el envase y el marketing, en lugar de al jugo en sí mismo. Cosas de la vida.

 

También hay que decir que, en esencia, debería señalarse igualmente que en el origen de la búsqueda y aplicación de las moléculas está el intento de recrear el aroma de un ser, vivo o inerte, que no tiene olor en sí mismo.

 

Las amapolas, al igual que el helecho, no tienen olor. Y el olor del mar nos encanta pero no podemos extraerlo de forma natural, no existe esa materia prima.

 

Ahí está la gracia.

 

Otro elemento trascendental sobre este asunto radica en la propia creación de la molécula.

 

La misma cumarina, como casi cualquier otra, se puede extraer de modo y origen natural de plantas como el haba tonka, la manzanilla o el diente de león, por citar algunos ejemplos.

 

Pero también puede ser sintetizada de modo artificial, y en este último terreno es en el que entraríamos en consideraciones más centradas en la economía que en la elaboración de un buen producto cosmético, ya sea un perfume, una crema para manos o un jabón de afeitar artesanal, por ejemplo.

 

 

El uso del musgo de roble, un elemento clave en la perfumería hasta mediados de la década pasada, se prohibió en Europa por su elevada propensión alérgica en muchas pieles.
El uso del musgo de roble, un elemento clave en la perfumería hasta mediados de la década pasada, se prohibió en Europa por su elevada propensión alérgica en muchas pieles. FOTOGRAFÍA: SHUTTERSTOCK

 

 

 

El musgo de roble formaba parte de la base única de ingredientes de Green, la primera y original colonia — y seguramente, la única interesante— para caballero del diseñador Ralph Lauren. // FOTOGRAFÍA: RALPH LAUREN
El musgo de roble formaba parte de la base única de ingredientes de Green, la primera y original colonia — y seguramente, la única interesante— para caballero del diseñador Ralph Lauren. // FOTOGRAFÍA: RALPH LAUREN

 

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El único inconveniente que tiene la cumarina es que su utilización está prohibida en la industria de la alimentación, porque ingerida en grandes cantidades puede afectar al hígado. Pero su uso está totalmente aceptado como aromatizante y hay que decir, para que se hagan una pequeña idea de cuál es su aroma, que recuerda en cierto modo a la vainilla.

 

 

Otros aromas y ‘barbershop’

 

No es el único ingrediente necesario para un buen fougère que no se permite utilizar en el mercado europeo, ya que el musgo de roble tampoco puede usarse en el viejo continente por la propensión que tiene a producir alergias en la piel.

 

Desde hace muchos años no se puede utilizar en Europa y, en estos casos, las casas de perfumería tradicionales utilizan sustitutivos que se parecen en cuanto a su aroma.

 

No siempre se logra el efecto deseado, por supuesto.

 

 

 

Brutus, de Orto Parisi, un fougere vibrante
Brutus, de Orto Parisi, un fougère sin duda vibrante.

 

 

 

Generalmente, el aroma fougère se asocia con perfumes masculinos, aunque hay múltiples ejemplos de esencias femeninas fantásticas, y con una impronta primera a hierba o a lavanda, siempre con cierta reminiscencia de humedad.

 

Hay que indicar también que ese frescor inicial suele pensar, generalmente, a un segundo estadio en el que las notas más profundas prevalecen. Ahí entrarían, por ejemplo, el pino, el abeto o el musgo de roble mencionado anteriormente, que añaden al conjunto un matiz de profundidad que completa y complementa el producto.

 

 

Mousse Iluminee de Rogue es un ejemplo de cómo un perfumista autodidacta puede introducirse en el mundo de los fougère top.
Mousse Iluminee de Rogue es un ejemplo de cómo un perfumista autodidacta puede introducirse en el mundo de los fougère top.

 

 

 

La perfumería acapara el mayor volumen de uso del concepto fougère en el mundo, pero hay otro universo, pequeño en comparación pero en el que esta familia goza de una utilización y aceptación muy potente: la industria del afeitado para caballeros.

 

En este campo, la aromatización de los jabones de afeitar o su propia composición a partir de aromas naturales o aceites esenciales herbáceos es bastante reseñable y comparable en utilización y fama al tipo de aroma de jabón de afeitar más común: el que emana olor de barbería tradicional, el clásico aroma barbershop.

 

 

 

El jabón de afeitar Fougère de Martin de Candre es un ‘must’ para los aficionados al afeitado clásico
El jabón de afeitar Fougère de Martin de Candre es un ‘must’ para los aficionados al afeitado clásico.

 

 

 

 

En realidad, y solo conque lo piense un poco, la vida en sí misma tiene un elevado componente fougère. Fougère son los árboles en la calle, los parques, las plantas que tiene en casa… Aspectos cotidianos y diarios que, a poco que deje un pelín al lado su cansina digitalización de la vida, volverán a ser protagonistas en su camino.

 

Fouguerice un poco su vida.

 

No le pesará.

 

 

 

 Invasion Barbare de MDCI es una de las últimas apariciones del universo aromático. Para algunos, podría ser el fougère perfecto.
Invasion Barbare de MDCI es una de las últimas apariciones del universo aromático. Para algunos, podría ser el fougère perfecto.

 

 

 

 

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