sábado 25, mayo, 2024

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El Gadgetrón: Baby Yoda y sus ojitos negros

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Ángel Sucasas
Ángel Sucasas
Editor de Tecnología en el periódico EL PAÍS y colaborador en medios como The Objective y JotDown, Ángel Sucasas es un experto consolidado en analizar todas las tendencias actuales del universo puntocom. Amante de los videojuegos e impulsor de muchos de ellos, goza de una capacidad única para extraer y exponer al lector conclusiones sencillas y consejos accesibles sobre los complejos planteamientos en los que interactúa la sociedad con la tecnología. Actualmente compagina sus labores periodísticas y como escritor (ya ha publicado hasta tres novelas de ficción) con las de director narrativo de videojuegos en Tequila Works y como diseñador en Mercury Steam. Y sí, efectivamente: es un genio. Discreto y educado, pero genio a fin de cuentas.

Allá por 1882, un tal Quirino Mendoza y Cortés componía una canción, supuestamente dedicada a su bella mujer, que, como tantas bellas mujeres, lucía con sensualidad un lunar cerca de la boca, y que a la postre ha sido una suerte del epítome mariachi.

Ayayay incluido.

Cerrando la segunda estrofa, uno se encuentra con los siguientes versos:

 

Un par de ojitos negros, cielito lindo

De contrabando

 

Quién le iba a decir al bueno de Mendoza y Cortés que sus proféticos versos no se referían a la sangre morisca que viajó en el gran charco rumbo al nuevo continente, sino que apuntaban mil veces más lejos. En verdad, hace mucho tiempo. En una galaxia lejana, muy lejana.

Entre guitarreos mariachis, Cielito lindo predijo el gran golpe de efecto de la Walt Disney imperial que vivimos en nuestros días. Y ese golpe de efecto se llama… Baby Yoda. Un Baby Yoda, evidentemente, de Ojitos Negros. Hasta el “de contrabando” le queda que ni pintado, habida cuenta de su papá adoptivo mandaloriano.

Se habrán dado cuenta de que en esta columna abunda lo ecléctico. Me suelo sumergir en cuanto tema creo, así en general, interesante y conectado con nuestra sociedad digital. A veces es nuestra privacidad (muchas veces). A veces, nuestra conciencia ciudadana. O la sociedad conectada y lo que implicará tanto dato suelto, más allá incluso de la privacidad en sí. O el machine learning y las hipérboles de ese futuro Skynet que nunca llega. Lo suelo hacer, cierto es, con bastante mala uva.

 

En ese pequeño alienígena verde de ojitos negros hay un plan digno de Darth Vader y con una serie de derivadas más complejas que un episodio de The Wire

 

Pero hoy, aprovechando que estamos arrancando el año y conviene arrancar suaves, me quiero poner (aparentemente) un poco amable para hablar de algo que parece gustarnos a todos. ¿Y es que quién se puede resistir a un par de ojos tan dulces, me pregunto yo?

Yo no, desde luego.

Y es que en ese pequeño alienígena verde de ojitos negros hay un plan digno de Darth Vader y con una serie de derivadas más complejas que un episodio de The Wire. ¿No me creen? Pues a que me crean dedicaré el resto de mi columna.

Creo que les he hablado alguna vez del concepto de transferencia de riqueza; por si acaso, se lo resumo brevemente, aunque es un concepto tan viejo como el mundo.

 

baby yoda
SHUTTERSTOCK

 

Transferencia de riqueza significa, esencialmente, que los jóvenes dejan de ser jóvenes y, en su madurez, adquieren la riqueza de la generación anterior más el déficit o superávit que hayan sabido ganarse en el ínterin. No es que a los millenials les vaya a ir de lujo —es una generación de números mucho más escuetos que la anterior en lo que a natalidad se refiere y la crisis los golpeó de pleno en el despegue de sus carreras (qué les voy a decir yo)—, pues se enfrentan a los malos augurios de una nueva recesión, unas deudas millonarias de sus estudios y créditos y a una porción de herencias considerable pero no desde luego salvadora de tanto descalabro.

Pero, aún con todo, van a ser, sin ninguna duda, los que lleven la voz cantante en aquello de dónde se gasta qué.

Y eso incluye, evidentemente, el ocio.

Ya sabemos que lo de ir al cine se sigue llevando, pero más como cine acontecimiento, fuera de los cinéfilos redomados (mea culpa), que como costumbre semanal. En cualquier caso, es residual.

 

Lo de ir al cine se sigue llevando, pero más como cine acontecimiento, fuera de los cinéfilos redomados (mea culpa), que como costumbre semanal

 

Los números nos dicen que el ocio del futuro apunta en dos direcciones: streaming y los videojuegos.

Y allí es donde la compañía soberana de la generación baby boomer se ve obligada a tomar cartas en el asunto. Hablo, evidentemente, de Disney. De Disney y su Baby Yoda de ojitos negros.

La cosa, en estos días, va de “dominar la conversación”. Y en eso la marca que mejor se lo ha montado, para los millenials y para los que vienen luego, es Netflix. Se ha adueñado de una manera espectacular, y en un margen de tiempo muy escaso, de esa gran esfera de opinión global que se menea de hashtag en hashtag.

En poco más de un lustro, aparece entre las marcas más valoradas por los más jóvenes, que se identifican con su actitud gamberra, pero al mismo tiempo responsable, ecologista, multiétnica y en general cool, que será un palabro muy intangible pero que define a la perfección qué es lo que buscan los de Reed Hastings.

Si lo quieren en castellano: estar en la onda.

El Oh, Blanca Navidad con el que rompieron las pasadas fiestas para promocionar Narcos fue solo un ejemplo, físico porque colgaba de Puerta del Sol, pero bombardeado a los siete mares a través de los social media, de cómo generar esa relevancia en una sociedad que pasa más de cuatro horas al día mirando su aparato, hasta el punto de que confunde la imagen del mundo con lo que en él se refleja.

 

almohadilla jony slav
JONNY SLAV

 

Por eso generar contenido que dé para memes es casi tan importante como generar buen contenido.

Ergo, Disney tenía que contraatacar. Y ha sido, hay que decirlo, un contraataque magistral. Los ojitos negros de Baby Yoda han sido un incansable bombardeo. Disney, además, se ha guardado la carta en la baraja de no inundar con merchandising (los juguetitos de toda la vida) este subidón mediático.

Dicen que no ha habido ni siquiera en Navidad porque, como reveló uno de los cocreadores, el actor y cineasta Jon Favreau, la clave era llegar con ese gran secreto al lanzamiento. Ergo, Disney entendía, perfectamente, que la batalla se ganaba en las redes, porque la de las tiendas ya la tienen ganada —para que se hagan una idea los lectores, Disney ingresa más por mercadotecnia que lo que se embolsa toda la industria del cine en taquilla—.

 

Generar contenido que dé para memes es casi tan importante como generar buen contenido

 

Así que ya ven, de los Ojitos Negros de Yoda a la Blanca Navidad de Narcos hay poquita diferencia. Lo que habrá que ver es quién puede vivir a este salto de mata que son las redes, paradójicamente, a la larga distancia. Si Disney puede, y no con dos ojitos, si no con un bombardeo constante, que se santigüen las demás.

Ha empezado la mar de bien.

Aunque yo sigo creyendo que Netflix tiene las de ganar, porque su modelo sí es, desvergonzadamente, el de la lonja de hashtags. Veamos, veamos…

 

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