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Juan Arús
Juan Arús
Periodista económico apasionado en transformar objetivos en resultados, Juan Arús (Madrid, 1975) ha trabajado para diversos medios de comunicación escritos de España, generalmente económicos y habitualmente en las secciones de Empresas y Automoción. Gran aficionado a la moda masculina, cuenta con un vasto repertorio de artículos de referencia publicados sobre vestuario clásico en diferentes medios. Edita y dirige Fleet People desde 2015.

El renting privado, o para particulares, es uno de ellos. Siendo un negocio genial, creo que este business asoma más connotaciones que las que expone a simple vista, centradas en un halo de modernidad, nueva movilidad y buenrrolismo que encanta al personal.

Desde que estoy en esto del renting, tengo fijación por las matrículas. En lo único que me fijo por la calle es en si este coche es de Arval, de ALD, de BBVA o de LeasePlan, los que más se ven por la rúa. En el último año, y con más especificidad en los seis últimos meses, me he fijado mucho más en las placas de renting en zonas de mi ciudad, Madrid, digamos que menos favorecidas económicamente. Y veo más matrículas de renting en localizaciones más deprimidas. Así es.

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¿Es un dato objetivo? No. Pero supongo que entienden por dónde voy.

El renting para clientes particulares está creciendo en la medida que equis fabricantes de coches ofrecen a equis entidades financieras remesas de cientos de vehículos con unas condiciones económicas astronómicamente bajas.

Los bancos, que saben detectar dónde hay parné, ponen a trabajar a sus sucursales en la península y fijan a sus comerciales objetivos de venta muy concretos. Y el resultado es que lo petan. Hace cuatro días, Caixabank, que fabrica cuatro campañas gordas anuales de renting privado, abrió una preventa de 2.000 coches un miércoles; ese día cerró 1.200 y tres días después, tenía todos hechos.

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Impresionante, sí. Pero nótese que es el banco el que ofrece ese producto, no el cliente quien lo busca. El renting particular es proactivo. No es reactivo.

Me gustaría pensar que ese cliente escoge el renting conociendo todas las contraprestaciones. Que ha efectuado un renting particular sano.

No digo sano por parte de las empresas, que lo es. Sino sano respecto de la plena consciencia de la operación. Ya saben que en España tenemos esa mentalidad tan peculiar —con cariño— según la cual una cuota de 6,99 euros al día nos parece cojonuda, pero 209,7 euros mensuales, un robo. Así somos.

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Después de dos años observando el percal, el crecimiento del renting particular, que me parece estupendo, se circunscribe a operaciones muy concretas entre un puñado de marcas y dos grandes bancos —Caixabank y Santander, y básicamente el primero—. Me encantaría decir que es una línea de negocio nueva y maravillosa, porque intrínsecamente lo es y me gusta. Pero siempre que no existiera ese pequeño detalle de por medio: lo veo más ligado a la menor renta disponible de las familias que al boom de la nueva y buenrrolista movilidad.

Y eso no me gusta nada.

Pero nada de nada.

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