Cuando Acosta encontró a Cristina

A veces son los sueños los que nos alcanzan y no al revés. Cristina Colomer, presidenta de Acosta, lo sabe de primera mano.

Sentada en el reservado de la tienda de Acosta en la madrileña calle de Claudio Coello, mientras prepara la presentación de la nueva colección, Cristina Colomer nos recibe para entrevistarla. Todo en ella es amabilidad, elegancia y sonrisas. Propias de quien esconde una feliz sorpresa que está deseando revelar.

En el fondo, así es: se muere de ganas de enseñar a los asistentes los nuevos modelos, los sorprendentes colores y los minuciosos detalles que componen la nueva colección. Está disfrutando realmente de este gran día.

Cuesta imaginársela fuera de este entorno y sin embargo, su irrupción en el mundo de la moda es muy reciente.

Farmacéutica de profesión, confiesa que Acosta llegó a su vida en un momento perfecto, hace ya cinco años.

“Mis hijos eran mayores, me sentía con ganas de asumir nuevos retos y pensé que era una oportunidad buenísima para dirigir la empresa y relanzar la mítica marca creada en 1942”, explica. Cualquiera puede pensar —con razón—, que dejar la farmacia por la moda no es una tarea fácil. En el caso de Colomer, ese paso no ha sido tan drástico. “He sentido cerca la moda desde que era muy pequeña. Una tía abuela modista nos enseñó a coser a todas las hermanas. Era una persona con un gusto excepcional; con ella aprendimos a apreciar la elegancia y las cosas bien hechas. Por eso, cuando tuvimos la opción de adquirir esta marca y se me presentó la oportunidad de dirigirla, no lo vi como algo fuera de lugar, sino como algo que podría haber hecho en cualquier otro momento”.

Pero quizá Colomer no hubiera estado tan tentada de cambiar su vida si Acosta no hubiera sido lo que es: una empresa familiar, muy querida en el mercado nacional. Visto con perspectiva, da la sensación de que empresa y directora estaban destinadas a encontrarse. “Cada día es diferente al anterior, surgen cosas nuevas que hay que solucionar y de las que aprender. Hay mucha lucha detrás, los que tenemos espíritu emprendedor y una idea de empresa comprometida sabemos que reto y responsabilidad van unidos”, destaca.

En efecto, no todo es color de rosa. “El proyecto es ambicioso, pero somos prudentes. El relanzamiento de la firma se ha hecho en un momento muy difícil. Vamos creciendo poco a poco. Tenemos 13 tiendas propias y estamos presentes en varias boutiques multimarca. Y hemos establecido un showroom en París, aunque en el extranjero también vamos poco a poco”.

Proceso mágico y familiar

Cuando le preguntamos qué es lo que más le fascina de dirigir una empresa de moda, Colomer contesta sin dudar: “Hay dos momentos muy mágicos: cuando se empieza a pensar una colección y cuando, después de mucho trabajo y mucha ilusión de muchas personas, ves la colección acabada. Es una sensación maravillosa”. Una sensación que impulsa a Colomer a tomar parte activa en la elaboración de los productos: “Participo de todo, especialmente del diseño. Procuro influir, opinar y, sobre todo, hacer equipo”. Esto último es muy importante en una firma como Acosta, que se distingue por nacer y crecer como una empresa familiar. “Todos estamos muy implicados. Las asesoras de tienda, por ejemplo, se definen a sí mismas como miembros de la familia Acosta. Contamos con ellas para tener el feedback del cliente, una información clave para el diseño y elaboración del producto”.

La colección de Acosta, dirigida mayoritariamente a un público femenino, está compuesta principalmente de bolsos (el preferido de Colomer es el “Carmen”, uno de los iconos de la firma), aunque no exclusivamente: también cuenta con complementos de marroquinería y prendas de moda.

Los productos de la casa guardan una coherencia, respiran la esencia de la marca y sus valores, pero se adaptan al momento actual: “El objetivo es llegar a mujeres que no son modelos de pasarela, mujeres reales que tienen un proyecto de vida y un montón de valores detrás de ellas. Queremos ensalzar a la mujer”, explica la directora.

Acosta y Colomer han conseguido unir lo mejor de dos mundos: la tradición hecha a la medida de la actualidad, tanto en la dirección como en el producto. Estamos deseosos de saber cómo evolucionan juntos.